domingo, 15 de abril de 2018

LA MADRE DE LOS MIEDOS



El ordenador no decía nada. Había investigado largos minutos para darse una idea, pero fue inútil, nada de lo leído encendía su imaginación.
Alcanzó fama con novelas en las que enlazaba historia con erotismo. Una manera de entusiasmar al lector con imágenes de superhéroes especialmente mujeres enredados en la alcoba o fuera de ella, resaltando así la humanidad de estos seres especiales. Su foto en la contraportada de los libros, con una mirada sugestiva de sensualidad, coronaba el éxito del que disfrutaba.
Con el lápiz en la boca, tamborileaba sobre el escritorio, por fuera del teclado, cómo llamando a la inspiración para escribir la primera frase. Sabía que una vez que arrancara, continuaría en forma fluida como quien pasa con el vehículo desde un camino de tierra al asfalto. Sin embargo, el folio de Word en la pantalla no se rellenaba y esto la inquietaba intensamente.
Pensaba que quizá ocupando la mente en otras cosas, su cerebro se refrescaría, permitiendo el reciclaje de nuevas ideas. Otras veces había sucedido, especialmente cuando pasaba momentos de tensión en el seno de su familia o en otras relaciones sociales. Aunque la vida del escritor suele ser bastante solitaria, Florencia veía en el trato con los demás, una manera de liberación, inspiración; cada individuo que conocía, cada momento del día en que cogía contacto con el mundo real fuera de su estudio despertaba en su imaginación diferentes maneras de interpretar  hechos, que luego plasmaba a su manera respetando el escenario histórico que los había traído hasta el papel, o mejor, a su pantalla.
Se levanto para ir al baño. Mientras enjuagaba sus manos, miraba en el espejo la delgada franja de sostén que asomaba por el escote abierto, siempre abierto, cómo le gustaba usar con las camisas. Pensó que debería renovar su lencería. A pesar que sus historias literarias estaban cargadas de voluptuosidad, su vida intima adolecía de pasión y no por falta de ideas precisamente. Al menos en la teoría,  podía ingeniárselas perfectamente para provocar a Julián encendiendo sus inclinaciones lujuriosas, rasantes con la morbosidad.
Sin darse cuenta, entre la redacción y publicación de la última novela, había pasado casi un año complicada con investigaciones históricas, editores, contratos; cosas afines al trabajo pero que habían quitado bastante ilusión al juego amoroso con su marido. Cómo si hubiese robado la lujuria provocada por Julián para volcarlas en sus historias. Creyó que había llegado el momento de emprender el proceso inverso, de restituirlas en su existencia al margen de la ficción. Después de todo, estando ambos cerca de la mediana edad y siendo su esposo un médico, circunspecto en el hospital y  salvaje en la habitación de la planta alta, bien podían ambos retomar las fantasías eróticas que los complementaba.
Regreso al estudio, esta vez con una idea fija, pero no de carácter literario. Se dirigió a la cómoda situada al costado del escritorio. Abrió el segundo cajón donde guardaba las cosas que no empleaba a diario. Descubrió el conjunto de ropa interior negro que Julián le regaló para el anterior aniversario y que solo usó  ─o usaron una sola vez. Esta noche lo sorprendería con las bragas negras y portaligas. Solo restaba pensar en el disfraz de enfermera que encendería los sentidos de Julián. “Chance”, de Chanel, con su frescura de limón y cedro, haría el resto.
Cerrado el pequeño paréntesis, se encontró nuevamente frente a la computadora. Solo que ahora, ilusionarse con la pasión cercana había disparado la inspiración. Se le ocurrió la joven reina de Francia del siglo XVIII:
…16 de octubre de 1793. Desde el café La Régence, vestida en forma grotesca, se la ve desfilar por las calles parisinas, abucheada por la plebe enardecida. Sus labios crispados, denotan la majestad y entereza de la que hasta hace poco, fue la “joya de Francia”…


11 comentarios:

  1. Hola Maurice.Una primera pregunta. ¿Estás en España o en Argentina?
    Veo que la francecita también te llega. Yo escribí un relato sobre ella hace unos meses. Pensar en lo que hace tu mujer fue la forma de salir de la hoja en blanco... Me gustó la historia y se lee con fluidez. Saludos

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    1. Gracias M T por tu comentario. Estoy en Agentina y te pregunta: ¿quien es la francesita?

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    2. Perdón M T, caí con lo de la "francesita": María Antonieta, ja, ja. Un abrazo...

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  2. Hola Maurice, concuerdo con que de francesa no tiene mucho. Si quieres pasar por mi texto https://un-nuevo-peregrino.blogspot.com.uy/p/literautas_15.html
    Saludos

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  3. Donde dice Suscribirse a: Enviar comentarios (Atom) se me abre una página html

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  4. Hola Maurice:
    Muy bien llevada la historia.. Me gustó mucho, y la elección de María Antonieta abre una puerta para más.
    Un saludo

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  5. Gracias por tu comentario Juana, buena idea con lo de M. A. Decime cual es tu historia para leerte.

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  6. Hola Maurice,
    Si, de acuerdo. La idea, el impulso o inspiración aparecen en el momento menos pensado.

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  7. Hola Ana! Si en esto, como decimos en Argentina, en esto uno no sabe donde "se encuentra el agujero del mate". gracias por leerme. Si escribiste una historia, decime como te encuentro. Saludos.

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  8. Saludos, Maurice:

    te invito a que estés pendiente de la recopilación del mes de mayo, y que logres participar del reto de Literautas. Para acceder a la recopilación puedes visitar el enlace que publico en los comentarios del taller o acceder a mis blogs.

    Sobre tu texto, me parece muy bien hilado, aunque no percibo el miedo a la página en blanco, tal cual. No desmerita a la protagonista que está muy bien retratada y que al final dejará plantado al esposo... y es que pasa, cuando te asalta la creativida que el mundo se detenga.

    Me ha gustado. No he encontrado nada que me salte a la vista, pero seguro que todo puede mejorarse. Sin embargo, lo veo muy buen cuidado.
    ¡Nos leemos!

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  9. Gracias K por tu comentario. Si, concentrado en la historia de Florencia y su falta de inspiración, me olvidé del "miedo". Aunque el tema queda implícito en la historia cuando, al estar en blanco pone en riesgo su prestigio de autora. Igual, cómo se dice, por ver el árbol no vi el bosque. Bueno, prestaré más atención en las próximas. Otra cosa: te admiro y felicito por la dedicación y esfuerzo que ponés manteniendo el taller vigente durante la licencia de Iria. Y lo lográs en forma excelente.
    Un saludo, seguimos en contacto.

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